viernes, 14 de septiembre de 2018

La Serena - 15 de septiembre de 1686

Por: Fernando Maureira Budinich


Tercios del Norte -
 Intervención Urbana,
Iglesia Santo Domingo de
La Serena
Desde el ataque de Bartolomé Sharp en La Serena, la ciudad se encontraba en una constante pesadilla y temor de que lo sucedido en 1680 volviera a ocurrir, ese ataque dejó a La Serena en una ruina y pobreza difícil de recuperar.

Algo de calma se crea cuando el Corregidor de la ciudad Francisco de Aguirre y Cortés, ordenó que todos los vecinos y moradores concurrieran a los ejercicios y funciones militares que tenía dispuestos, a fin de que el enemigo no tomara plaza de sorpresa, estos ejercicios dieron su primer resultado cuando Guillermo Knight, desembarca en Tongoy en el mes Mayo de de 1686 y desde La Serena se envía un destacamento de soldados de Caballería, mandados por don Pedro Cortés y Mendoza, llegando a tiempo que los Piratas se disponían a reembarcarse, el combate dio como resultado 3 ingleses muertos más un francés herido y la huida del resto sin poder llevarse las provisiones que habían obtenido.

Un pánico horrible vuelve a la ciudad, proponiendo trasladar la ciudad en un lugar de mayor resguardo en el Valle del Limarí, un valle que queda más protegido, donde actualmente está la ciudad de Ovalle, aunque el Cabildo abierto del 23 de Julio llega al acuerdo de realizar dicho traslado, éste no se lleva a cabo debido a un nuevo ataque de filibusteros, el 14 de septiembre de 1686 desembarca en la Bahía de Coquimbo Edward Davis.

La Serena 15 de septiembre de 1686, así lo relata Don Francisco de Aguirre y Ribero en su carta dirigida al Presidente Garro de la Real Audiencia:

“Ayer domingo 15 del corriente desde este puerto que acabo de llegar trayéndome por delante más de 200 ingleses, digo 250 en 48 horas, peleando contra ellos con 4 hombres, pero cada uno un león y atribuyendo en principio, ser más obra milagrosa y disposición divina que mía, pues habiendo reconocido en el amanecer del sábado cuatro lanchas y un barcón grande, como le había señalado a us. en los antecedentes, el mismo día que las reconocí y teniendo guarnecido el fondeadero y otras dos partes donde podrían saltar a tierra. Con los soldados que se 
hallaban y las pocas bocas de fuego que habían, toda la noche con valor y esfuerzo los rechazamos las tres veces que intentaron desembarcar. Pero ya en el amanecer a ellos les fue posible reconocer la bahía y ver que en cualquier parte podían saltar a la playa, embistieron y luego dispuse traer a los soldados que tenía en el puerto y poniéndolos atrás la caballería se resolvió con toda presteza a ganar el fondeadero. Acudí con toda vigilancia, pero llegué cuando todos los ingleses habían ya saltado de sus lanchas, hice todo lo posible hasta que vi a mi gente desorganizada y con dos heridos, los retire viendo la superioridad numérica del enemigo los vine a esperar en una trinchera que tenia dispuesta fuera de los médanos para que ayudado de ella y los bosques donde poner la caballería se les pudiera dar “carga” cerrándoles por un costado y otro. Ellos se fueron por un alto y reconociendo la gente que tenia dispuesta para el ataque se desviaron del camino, sin embargo los esperé en otra trinchera que tenía cerca de la entrada de la ciudad y ahí les di dos cargas  y se mató a uno. Al fin nos rechazaron y pudieron entrar a la ciudad y yo mis gentes dándoles cargas y no quise salir de ella en un día y una noche hasta echarlos, pues se vieron tan acosados que entraron a la iglesia de santo domingo y por ratos salían y les iba tan mal que siempre quedaban uno o dos muertos, pues allí quedaron cinco y con el de la trinchera seis. Por último los desalojé y salieron con harta prisa porque por todos lados les hice cerrar, quitándoles el sustento. Fuimos tras de ellos hasta el puerto derribándoles otros dos y sin muchos heridos que llevaban cargados y muchos que también llevaban en las barcas, Y les fui dando cargas con un pedrero y dieciocho mosqueteros y algunos arcabuces y escopetas y de haber tenido más mosquetes y gente de a caballo, no me queda inglés y de seguro los navíos habrían quedado abandonados, en fin los llevé hasta el mismo puerto con mis pocos soldados que sin poderlos ordenar se metieron por las balsas entrándose con ellos que tuvieron como mejor resistencia apresurar el paso..” Doy infinitas gracias a Nuestro Señor y a usted, pues en tiempo de su gobierno no ha habido más suceso, librándonos Dios de tan conocido riesgo, pues influyéndonos su nuevo valor, nos alentamos a no temer a los peligros. Yo, por imitar su valor, hice reputación de no salir de la plaza ni comer en 48 horas hasta desalojarlos de ella y sin haber recibido la menor lesión en un soldado, sino fue poca cosa dos en el puerto y no me hubiera por buen hidalgo y ministro de ud. Sino fuera cumpliendo con mi obligación. Dieron fuego a la iglesia y celdas del señor de Santo Domingo y sin embrago al irles siguiendo dispuse que la gente que estaba sin armas reparase el fuego, pero dos celdillas se quemaron. Quedan todavía dos navíos sin hacerse a la vela. No se pudo reconocer si traen artillería. Tengo un inglés vivo aunque mal herido con esperanzas que vivirá. Holgarme infinito dar compañero al otro y remitírselo a ud para que se lo envíe al señor virrey. Hago propio a su excelencia y doy aviso de lo susodicho y sepa dónde se dirige este pirata – Guarde Dios a Ud, como deseo 


La Serena, Septiembre 16 de 1686.

B.S.M de Ud. Su servidor, Francisco de Aguirre.

Nota : acaba un hombre de llegar y dice que uno de los navíos trae artillería.”


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